martes, 9 de noviembre de 2010

Con valores y sin prejuicios en la escuela primaria.

Resumen
Los actos de bullying detectados en las escuelas primarias, se propician en gran parte por la familia al transmitir prejuicios respecto a la violencia y la agresión. La educación en valores es una opción para disminuir este fenómeno desde dentro de los centros escolares.
En este ensayo se describe la forma en que los prejuicios afectan la relación entre niños de Educación Básica, propiciando a la vez el bullying. Se explica que la Educación en Valores desde el marco curricular es una opción para combatir este fenómeno y se hacen explícitos los conceptos de prejuicio, bullying y educación en valores los cuales dan estructura a las ideas que se presentan en este ensayo.
Introducción
Actualmente hemos escuchado en diferentes medios como la televisión, la radio la internet acerca del fenómeno bullying, pero ¿en realidad sabemos qué es?, ¿tenemos a caso una visión completa o por lo menos certera de lo que este fenómeno involucra?, ¿hemos reflexionado sobre nuestras actitudes y las ideas que transmitimos a nuestros hijos o alumnos?, de forma consciente ¿hemos considerado que los “prejuicios” llegan a desvirtuar los valores?, como profesionales de la educación o padres de familia ¿tenemos alguna idea o propuesta de cómo solucionar este conflicto que se suscita en las escuelas primarias?, hemos meditado sobre cuáles son nuestras actitudes que provocan que los niños desarrollen ciertas posturas frente a los otros, o la ideología que transmiten los muchos cuentos e historias que les leemos desde pequeños, ¿en realidad que le estamos diciendo a los niños?, ¿de qué manera estamos influyendo en ello?
Para responder estas preguntas, a lo largo de este ensayo se expondrá sobre lo que está ocurriendo en las escuelas y de cómo el fenómeno bullying altera el ambiente y clima de aula. Para ello, se partirá de la reflexión de cómo los prejuicios que las familias han transmitido a los niños desde mucho tiempo atrás, por medio de actitudes y conductas, perjudican su relación con otros niños de su edad y su entorno en general.
Para ofrecer una posible solución a este conflicto, se expondrá sobre la educación en valores, la cual, como se explicará más adelante, no es una moda. En el ámbito educativo se habla de forma reiterada sobre ella, no obstante, debido a lo que curricularmente representa, bien podría ser una alternativa de solución para enfrentar el bullying que actualmente se ha convertido en un problema dentro de las escuelas de Educación Básica.
Veremos la importancia de no solamente enseñar conceptualmente los valores desde la limitante curricular de una asignatura, sino que los profesores estén comprometidos con ejercer la docencia desde la visión de Educación en Valores con el compromiso de cambiar la forma de educar en las escuelas, sin perder de vista que los valores no han cambiado, más bien su representación es lo que se ha modificado, es decir, actualmente existe una distinta escala o modelo de valores con los cuales se construyen los vínculos sociales.
Crecimos rodeados de prejuicios.
Es característica de los seres humanos crecer rodeados de prejuicios y, al igual que otros fenómenos como la exclusión y la violencia, forman parte de nuestra cultura, y no es precisamente en la escuela donde los eliminamos, ahí incluso hasta son reforzados y reafirmados. El prejuicio es una actitud, una predisposición o una postura personal para responder de cierta manera en una situación. De acuerdo con García-Lago (2007) “los prejuicios son una actitud o predisposición negativa injustificable hacia un grupo y los individuos que lo integran, teniendo un fuerte componente emocional. Estos nos inclinan en contra de una persona con base sólo en su identificación con un grupo particular.” De acuerdo con este autor entendemos que los prejuicios se manifiestan en actitudes negativas que implican sentimientos o creencias que desvirtúan el valor de la aceptación y la tolerancia hacia quienes son diferentes a nosotros, ya sea en características físicas, en condiciones sociales o económicas.
Como hemos visto los prejuicios están basados en una visión distorsionada de interpretar la realidad, estas actitudes pueden tener una base real, sin embargo la información que contienen o el mensaje que transmiten es erróneo, exagerado y no comprobado. En nuestra cultura existen variados prejuicios por mencionar sólo algunos: “los hombres son más fuertes que las mujeres”, “los hombres no lloran, porque son valientes”, o en el caso de la violencia y agresión entre iguales: “si te pegan, defiéndete” o, “los chicos tienen que hacerse mayores, tienen que hacerse fuertes y aprender a defenderse”. Estos prejuicios, entre otros muchos resultan propicios para mantener relaciones de tipo violentas entre iguales. El bullying, por ejemplo es un fenómeno que desde hace muchos años se ha justificado a través de prejuicios como esos.
Sin embargo, muchos docentes o padres de familia tienen un concepto equivocado de lo que es el bullying en sí, incluso se llega a confundir con violencia o maltrato, y no es exactamente lo mismo. El termino violencia incorpora una amplia diversidad de sentidos todos ellos definidos en términos tanto históricos como culturales que involucran desde leves o mínimos ataques hasta situaciones riesgosas para la vida. De acuerdo con las ideas expuestas por Torres (2007) la violencia es un recurso que se utiliza para el control del entorno y el logro de objetivos, la cual se convierte en una forma habitual de interacción. Por otro lado para Abramovay (2005,56) la violencia es un término complejo y conceptualmente difícil de definir, sin embargo afirma que “todo y cualquier acto de agresión –física, moral o institucional- dirigido contra la integridad de uno o de varios individuos o grupos, es considerado como acto de violencia”.
Con base en lo anterior, y desde un contexto social y educativo, retomamos a Cáceres (2007, p. 3) para concluir que la violencia escolar es una acción u omisión dañina que se ejerce entre miembros de una comunidad en este caso la educativa, siendo víctima inocente de cualquier argumento o justificación un alumno de aproximadamente la misma edad que el agresor. Esta violencia puede tomar lugar dentro de las instalaciones escolares o en otros espacios directamente relacionadas con la escuela.
Para complementar nuestro concepto retomamos las ideas de Cáceres (2007) quien expresa que existen algunos factores que contribuyen a la violencia, estos son:
1. La falta de una escala de valores
2. El materialismo, el consumismo
3. La escasa conciencia de la dignidad de toda persona que alimenta actitudes de racismo, xenofobia, discriminación e intolerancia.
4. La influencia del cine y televisión hasta llegar a creer que las actitudes agresivas y violentas son el modo único o, al menos, el más efectivo para resolver cualquier conflicto sin sentir la necesidad de recurrir al diálogo.
5. La crisis de autoridad y la resistencia de los jóvenes a asumir y respetar las normas que requiere cualquier convivencia y cualquier tarea a realizar en colaboración con otros.
6. La frecuente desestructuración familiar.
Como se mencionó el bullying no es lo mismo que violencia. Para contextualizar el término cabe destacar que se considera maltrato entre alumnos a toda acción reiterada a través de diferentes formas de acoso u hostigamiento entre dos niños o de un grupo de compañeros en el que la víctima está en situación de inferioridad respecto al agresor o agresores. El maltrato se asocia con un poder de dominio y sumisión de quien aparentemente tiene más poder que los demás, y tiene repercusiones que interfieren en la vida académica provocando ausentismo y bajos resultados académicos, también puede repercutir en la vida de la víctima dificultando sus relaciones sociales y especialmente su seguridad y confianza en sí mismo.
Para darnos una idea de la importancia que tiene conocer sobre las diversas situaciones y consecuencias que padecen los alumnos a causa de la violencia basta referirse a cifras y estadísticas que muestran lo que ocurre en nuestra ciudad. Por mencionar un ejemplo en el 2009, un total de 190 jóvenes en el Distrito Federal se quitaron la vida a consecuencia de la violencia que sufrían en la escuela y, según datos del Instituto Nacional de Evaluación Educativa, 8.8% de estudiantes ejercen bullying a nivel de primarias y 5.6% en secundarias”, además de que entre marzo y junio de 2010 se presentaron 13,633 denuncias por violencia y bullying, la mayoría de ellas en las delegaciones Azcapotzalco, Cuauh¬témoc, Gustavo A. Madero y Benito Juárez. (El Economista, 2010 s/p)
Para comprender un poco lo que las cifran anteriores refieren, cabe destacar que los factores que presentan mayor incidencia en el desarrollo de conductas agresivas en los niños son los relativos a las prácticas de crianza infantil. Por mencionar un ejemplo, el castigo o los golpes. Los castigos que sufren los menores pueden ser verbales o físicos y ellos llevan implícito el contravalor agresión, aunado a las prácticas prejuiciosas que se viven en el contexto familiar provocan en los niños menores de edad una idea de que para ser respetados por los demás compañeros, hay que luchar, pelear y agredir al otro. Con base en esto podemos decir que el bullying es una acción violenta, recursiva y aparentemente justificada con prejuicios sociales, inculcados en los infantes a través de actitudes aprendidas, como se explicará más adelante.
Respecto a lo anterior, recordemos lo que dice García – Lago (2007) referente a las primeras actitudes que son aprendidas en el seno de la familia “no es menos cierto que el niño, aún en los primeros años de vida, no es ajeno a las influencias que se derivan de su ambiente y quedan reflejadas en conversaciones cotidianas, en las películas, en los cuentos…” y en las formas de relacionarse en su vida diaria, en específico en la escuela con sus compañeros.
Acoso entre iguales. Realidad en las escuelas primarias.
Si bien es cierto que el bullying no es una actividad nueva, no lo es menos que se ha justificado con prejuicios como los que mencionamos anteriormente. Este fenómeno ha sido respaldado por los padres y los docentes quienes han manifestado presenciar eventos de bullying en sus aulas, guiados por padres de familia bajo la falsa creencia de que “los chicos tienen que hacerse mayores, tienen que hacerse fuertes y aprender a defenderse”, de tal modo que acosan a otros niños en situación de vulnerabilidad causándoles daños, muchas veces irreversibles.
La conducta agresiva resulta ser una compleja secuencia que se evidencia cuando los niños involucran las ideas y prejuicios con los que han crecido, los sentimientos de rechazo o limitación con que viven y además la tendencia del comportamiento que asumen al enfrentar determinada situación.
El bullying se considera como un conflicto en la relación de dos alumnos, donde uno de los sujetos es superior jerárquicamente o emocionalmente al otro. Es necesario hacer notar que, como subrayan varios autores (Cáceres, 2007, p.2) el bullying no es cualquier tipo de agresión o violencia, como ya se mencionó anteriormente. Se trata específicamente de agresiones entre iguales y son factores tanto psicológicos como ambientales los que favorecen la relación que pueda llegar a darse entre ellos. De acuerdo a las investigaciones de Tresgallo Sanz un investigador de este fenómeno, el bullying hace referencia a un grupo de personas que se dedican al asedio, persecución y agresión de alguien, o bien a una persona que atormenta, hostiga o molesta a otra, es decir “toda acción reiterada a través de diferentes formas de acoso u hostigamiento entre dos alumnos/as o entre un alumno/a y un grupo de compañeros -cosa que suele ser más frecuente- en el que la víctima está en situación de inferioridad respecto al agresor o agresores”. A propósito hace referencia a cuatro aspectos claves que son detectables en eventos de bullying, por mencionar:
• ataques o intimidaciones físicas, verbales o psicológicas, destinadas a causar miedo, dolor o daño a la víctima;
• abuso de poder, del más fuerte al más débil;
• ausencia de provocación por parte de la víctima;
• repetidos incidentes entre los mismos niños o jóvenes durante un tiempo largo y sostenido
Como una forma de atacar esta realidad desde el contexto educativo, la educación en valores abre una posibilidad que plantea el manejo de actitudes frente a situaciones conflictivas, pero haciéndolo desde la perspectiva ética y social que conlleve al mejoramiento de las relaciones entre individuos equitativamente iguales.
Empero, esta problemática no es peculiar de un solo lugar, se trata de un problema que a la par de la globalización se ha extendido por muchos países. Por mencionar un ejemplo, en España, según datos del Ministerio del Interior Ángeles Palacios explica que “el 60% de los alumnos dice sufrir agresiones de sus compañeros “algunas veces” y el 27% asegura que las sufre frecuentemente, el patio del centro es el lugar en el que se producen el 48% de las agresiones y la mayoría de los agresores son chicos, todos ellos menores de 16 años”. De igual manera en una publicación de Carmen Orten (2003), se puede observar de manera gráfica los índices registrados en un estudio de investigación que se realizó en países del continente Europeo, y como se puede observar en la siguiente tabla son altos y por lo mismo, nos da la pauta a pensar que estamos enfrentando una problemática a nivel mundial.
Bullying: Algunos datos desde una perspectiva comparada
Autor Número de estudiantes País Porcentajes de agresión / victimización
Olweus, D. et al (1973)
900
12- 15 años Gran Estocolmo 10% del total de la población estudiada
Olweus, D. (1993) 13,000
7-16 años Noruega 9% de víctimas
7% de agresores
5% implicado en acciones de maltrato más graves
Perry, D. G.; Kusel, S. J.
& Perry, L. C. (1988)
165
8.12 años EE.UU 10% víctimas

Yates, C. & Smith, P.
(1989)
234
13-15 años Gran Bretaña 10% de víctimas y 4% de agresores
(14% implicado)


Como se puede observar la situación que el mundo está viviendo con respecto a la violencia entre iguales, es severa, y si a ello aunamos la influencia que los padres de familia tienen en los niños a través de prejuicios injustificables y mal interpretados, entonces estaremos viendo la realidad que los docentes enfrentan en las aulas de educación primaria y comprendiéndola de esta manera se podrá justificar que la Educación en Valores no es solamente una moda, sino más bien una fuerte herramienta para enfrentar este problema social, veamos por qué.
Importancia de la educación en valores.
Recordemos los planteamientos de Jacques Delors (Citado por Torres, 2007, 3) respecto a las finalidades de la Educación. Por un lado plantea que la educación es un derecho y un bien general, es decir es para todos no importando situación económica, política o social. Por otro expresa que ella, la educación debe asegurar la equidad, y por tanto “es su responsabilidad actuar para conseguir que la socialización de niños y jóvenes sea una realidad universal, sea cual fuere el origen familiar y social del alumnado”.
Como ya hemos visto, la violencia contamina la convivencia escolar, y ella representa la clave para trabajar en un clima de respeto, donde se fomentan las relaciones positivas y sanas que promueven los valores entre todos los actores educativos, docentes, alumnos y padres de familia. Sin embargo la convivencia en las escuelas primarias resulta afectada de forma notable, por factores como problemas de disciplina, maltrato entre compañeros o prejuicios no fundamentados.
Mucho hemos oído hablar sobre la Educación en Valores que de acuerdo con la Organización de Estados Iberoamericanos (OIE) es un proceso que ayuda a las personas a construir racional y autónomamente sus valores. Sin embargo pocos sabemos qué repercusiones tiene este concepto dentro de un espacio de socialización tan complejo como lo es la escuela.
Por consiguiente, entendamos a la Educación en Valores “como el proceso que ayuda a las personas a construir racional y autónomamente sus valores. O sea, capacitar el ser humano de aquellos mecanismos cognitivos y afectivos, que, en completa armonía, nos ayuden a convivir con la equidad y comprensión necesarias para integrarnos como individuos sociales y como personas únicas, en el mundo que nos rodea.” (Casals, 2007)
Para explicar la función que tienen los valores dentro del ámbito educativo como promotor del diálogo y la no violencia, retomemos las ideas de Schmill (2003, 197) respecto de los valores como fundamento para educar exitosamente desde la perspectiva que plantea Delors con los Cuatro Pilares de la Educación.
Recordemos que a partir de prejuicios como “los chicos tienen que hacerse mayores, tienen que hacerse fuertes y aprender a defenderse”, se despliegan una serie de agresiones que derivan en un acto denominado bullying. Bien, pues la parte de la educación que no sólo equilibrará la balanza en cuanto a igualdad de derechos se refiere, sino más bien a la erradicación de eventos lastimosos que llegan a ocurrir en las escuelas, es la educación en valores.
Pero, ¿para qué sirven los valores ante esta problemática? En palabras de Schmill (2003), los valores “son referencias fundamentales, profundamente arraigadas, que sirven para jerarquizar tu vida, tomar decisiones, y evaluar tu propia conducta y la de los demás en diversos grados de aceptación o rechazo”, para este autor como para otros (García-Lago, 2007) la cuestión educativa integral basada en la dignidad de las personas requiere especial cuidado, principalmente en las actitudes que se les fomentan a los niños. Como podemos notar, tanto los valores como los prejuicios resultan ser ambos culturalmente arraigados en la sociedad, por tanto influyen en la educación de los individuos de forma definitiva.
Sin embargo, los valores al contrario de los prejuicios, nos dan un referente que deriva todo un sistema de creencias, ideas, ideales, pensamientos y actitudes, que desembocan en emociones que determinan nuestras buenas conductas.
Educar en valores no es solamente atacar la realidad desde la currícula oficial para Educación Básica, impartiendo clases de Formación Cívica y Ética. Para educar en valores y hacer uso de la transversalidad del currículo, que apropósito la Secretaría de Educación Pública sugiere para el manejo de determinados contenidos. Para enseñar los valores primero hay que distinguirlos con palabras sencillas y no con discursos complejos. Por ejemplo: respeto, responsabilidad, libertad o verdad. Estos valores pueden llamarse universales porque son comúnmente aceptados en la mayoría de las culturas del mundo, como expresa Schmill en su libro Disciplina Inteligente, son aceptados por casi toda una comunidad o familia en determinada época, sugiere que la importancia relativa de cada valor puede variar de una cultura a otra, con lo cual estamos de acuerdo.
Para educar en valores Schmill propone no utilizar una escala, uno debajo de otro en forma lineal, sino más bien utilizar un esquema al que él denomina “paquete de valores prioritarios”, la cual se refiere a incluir varios valores con prioridades similares bajo los cuales podamos actuar ante circunstancias difíciles, es decir, no disponer sólo de un valor, como sería en una escala de valores donde todos aparezcan en forma lineal, sino que por el contrario, disponer de más opciones y de mayor flexibilidad para abordar determinada circunstancia con más alternativas y mayor diversidad de enfoques.
Para hacer más explícita la intención de erradicar el bullying de las escuelas primarias haciendo uso de las múltiples herramientas que nos puede brindar la Educación en Valores, plantearemos un ejemplo concreto. En casa un niño llamado Pablo, ha sido influenciado por sus padres con prejuicios como “no te dejes, si te pegan, pega, defiéndete, no seas cobarde, recuerda que los niños no lloran”; Pablo seguramente en la escuela agrede a otros, es promotor del bullying o maltrato a semejantes. La función de la Educación en Valores, a través de su agente mediador, el docente, deberá mostrarle a Pablo lo diferente que pueden llegar a ser las relaciones con sus compañeros si actúa a partir de comprender que tanto él como los otros niños que se han convertido en sus víctimas son iguales y ambos merecen ser tratados bien por todos. En este caso los valores no sólo tienen la función de limitar las acciones, más bien, ayudan a actuar con libertad dentro de un marco de acción predecible.
El docente como mediador en un aula, debe mostrar con sus propios actos la fidelidad a los valores que promueve, debe comunicar a sus alumnos de manera clara que los valores ayudan a enfrentar situaciones complejas en donde nadie debe salir menospreciado ni agredido, por el contrario educar en valores sería partir de un valor, para definir un campo de acción y tener la certeza de sus límites.
La educación en valores no es una moda, como ya se ha mencionado anteriormente, es una necesidad puesto que los valores inciden directamente en nuestras decisiones y conductas frente a hechos y circunstancias difíciles, por lo tanto a través de educar en valores, los prejuicios deberán ir disminuyendo en el entendido de que son ideas mal fundamentadas, que parten de una diferencia de género mal comprendida y una desigualdad tanto política como social que si bien no se ha logrado homogeneizar, si pudiera por lo menos llegar a comprenderse y evitar influir en los niños ideas prejuiciadas que poco o nada educan.
Conclusión.
En el entendido de que los alumnos son los principales actores en el proceso educativo, son precisamente ellos a quienes hay que dirigir nuestra atención. Como y hemos visto, la violencia y específicamente el bullying tiene consecuencias negativas desde la perspectiva social de los alumnos en las escuelas de educación básica. Como ya se mencionó, el bullying está delimitado por una ideología de abuso del poder, y en el caso de tratarse de niños pequeños, el victimario resulta ser sujeto de agresión en otros ámbitos sociales, como casa o calle, y es en la escuela donde vierte su frustración sobre los más débiles.
Sabemos que por tradición los cuentos son parte de nuestra cultura y contribuyen a la transmisión de una serie de valores, prejuicios y estereotipos, quizás de una forma inconsciente, pero no por ello menos perjudicial. Para minimizar los efectos que generan en los niños desde pequeños cuentos como los de Caperucita Roja o Cenicienta, y principalmente la influencia que ejercen sobre los pequeños los padres de familia haciendo uso delimitado de los prejuicios como los que ha se han mencionado párrafos más arriba, como vimos, la Educación en Valores ofrece un abanico de estrategias que posibilitan el manejo de conflictos, facilitando de alguna manera las relaciones entre iguales y definir las acciones de cada niño durante su estancia en la escuela primaria con base en el respeto, la tolerancia y otros valores que son considerados como Universales para las relaciones sociales.
Ahora sabemos que vivimos en una sociedad que reclama una educación integral basada en la dignidad de las personas, por lo tanto hay que cuidar con especial esmero las actitudes que se fomentan en los niños desde que son pequeños. Como padres de familia debemos reflexionar sobre nuestras prácticas educativas, como docentes no perdamos de vista que la mayor parte del tiempo estamos moldeando seres humanos con el ejemplo.
Las palabras, los actos y las decisiones de los niños, no son más que el reflejo de lo que sus educadores, llámense padres o maestros, les enseñamos. Eduquemos a nuestros alumnos en el respeto, en el valor de la igualdad y omitamos prejuicios sociales que les causarán severos conflictos para relacionarse con niños de su edad y perjudicarán en su sana convivencia con el entorno.
Referencias

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Cáceres, M. Pilar (2007) Estudio de la violencia y conflictividad escolar en las aulas de educación primaria a través de un cuestionario de clima de clase: el caso de las provincias de Córdoba y Granada España. Recuperado el 28 de septiembre de 2010, de http://www.deciencias.net/convivir/1.documentacion/D.violencia/Violencia_ClimaClase(Aznar-2007)14p.pdf
Casals, Ester, Travé, Carme. (2007) La educación en valores en las primeras edades. Programa de Educación en Valores (PEVA) Universidad de Barcelona. Sala de Lectura, OEI, boletín 9. Recuperado el 13 de octubre del 2010, de http://www.oei.es/valores2/boletin9.htm
García-Lago, Virginia. (2002). ¿Educamos en prejuicios o educamos en valores?, en Educación y futuro: revista de investigación aplicada y experiencias educativas, n°7, 8 pp. Recuperado 1 de octubre de 2010, de http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2016083
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